Conducir por una calle llena de baches puede parecer simplemente una molestia, pero para el bolsillo del propietario de un automóvil puede convertirse en un problema mucho más serio. Neumáticos dañados, rines doblados, suspensiones desgastadas, alineaciones frecuentes y mayor consumo de combustible forman parte de una factura silenciosa que millones de conductores estadounidenses terminan pagando cada año.
El problema no se limita a calles residenciales abandonadas. En algunas de las mayores áreas metropolitanas de Estados Unidos, una parte considerable de las carreteras principales se encuentra clasificada en condición pobre o mediocre. El grupo de investigación de transporte TRIP calcula que estas vías deterioradas generan costos adicionales mediante reparaciones, desgaste acelerado, depreciación del vehículo, consumo de combustible y neumáticos. Los informes más recientes muestran que ciudades como Los Ángeles, New Orleans y New York pueden imponer una carga considerable al conductor incluso antes de sumar congestión o seguro.
Los Ángeles: más de $1,200 adicionales por carreteras deterioradas
Los Ángeles aparece como uno de los ejemplos más claros de cuánto puede costar una mala carretera. Según un informe de TRIP publicado en septiembre de 2025, aproximadamente 61% de las principales carreteras locales y estatales del área urbana estaban en condición pobre o mediocre. Esa situación representa alrededor de $1,256 adicionales por conductor cada año únicamente en costos operativos asociados con superficies deterioradas.
Estos costos incluyen reparaciones adicionales, desgaste prematuro, depreciación acelerada, mayor consumo de combustible y neumáticos. Para un conductor que recorre largas distancias diariamente, el impacto puede sentirse todavía más porque el vehículo acumula miles de contactos con pavimento irregular, juntas deterioradas y baches durante todo el año.
California también enfrenta un problema mucho más amplio. TRIP estima que 50% de las carreteras principales del estado se encuentran en condición pobre o mediocre, mientras los conductores pierden aproximadamente $24,200 millones anuales en costos adicionales asociados con carreteras deterioradas.
New Orleans: casi $1,000 al año solamente por carreteras en mal estado
New Orleans presenta un escenario parecido. El informe de TRIP para Louisiana calcula que aproximadamente 55% de las principales carreteras de la región se encuentran en condición pobre o mediocre, generando alrededor de $909 adicionales por conductor cada año en reparaciones, depreciación, combustible y desgaste.
El problema se vuelve todavía mayor cuando añadimos congestión y accidentes. TRIP estima que un conductor promedio de New Orleans pierde aproximadamente $3,067 anuales considerando conjuntamente carreteras deterioradas, tráfico y costos derivados de accidentes donde las condiciones de infraestructura pueden haber contribuido.
Louisiana tiene además otro desafío importante: aproximadamente 11% de sus puentes están clasificados como pobres o estructuralmente deficientes, una de las proporciones más elevadas del país. Esto significa que el deterioro no se limita al pavimento, sino que afecta una parte más amplia del sistema de transporte estatal.
New York-Newark-Jersey City: carreteras malas y una factura enorme
El área metropolitana de New York-Newark-Jersey City muestra otra cara del mismo problema. TRIP calcula que 46% de sus principales carreteras se encuentran en condición pobre o mediocre, lo que genera aproximadamente $694 adicionales por conductor cada año solamente por desgaste y funcionamiento del vehículo.
Sin embargo, cuando se suman tráfico, accidentes y carreteras deterioradas, la cifra total se dispara hasta aproximadamente $3,492 anuales por conductor. Buena parte de este costo proviene de la congestión: los conductores pierden en promedio 92 horas cada año atrapados en el tráfico y desperdician alrededor de 36 galones de combustible.
New York demuestra algo importante: una carretera no necesita tener enormes cráteres para resultar costosa. Pavimento irregular, juntas deterioradas y superficies desgastadas pueden generar vibraciones constantes que aceleran el desgaste de neumáticos, rótulas, amortiguadores y componentes de suspensión.
California domina nuevamente por el deterioro urbano
El informe más reciente de TRIP sobre California analiza también Riverside-San Bernardino, Sacramento, San Diego, San Francisco-Oakland y San Jose. Aunque las cifras específicas varían entre áreas, el informe confirma que la mitad de las principales carreteras del estado están en condición pobre o mediocre, convirtiendo a California en uno de los territorios donde el mantenimiento vial tiene mayor impacto económico sobre los conductores.
El problema es especialmente complicado porque California también tiene uno de los parques automotores más grandes del país y una enorme cantidad de vehículos con ruedas de gran diámetro y neumáticos de perfil bajo. Este tipo de configuración mejora apariencia y comportamiento, pero deja menos goma entre el rin y el pavimento. Un bache que una camioneta con neumáticos altos puede absorber sin consecuencias puede destruir un neumático o doblar el rin de un sedán deportivo.
Además, los costos de reparación modernos son mucho mayores que hace algunos años. Un rin de aluminio grande puede costar cientos de dólares, mientras algunos neumáticos de 20 o 21 pulgadas superan fácilmente los $300 por unidad.
San Francisco y San Jose llevan años entre las ciudades más castigadas
Los problemas de pavimento en el área de la Bahía tampoco son nuevos. En un análisis nacional anterior de TRIP, San Francisco-Oakland apareció con el costo adicional más alto entre las grandes áreas urbanas del país, alrededor de $1,049 anuales por conductor, seguida por San Jose con unos $983.
Aunque esos valores corresponden a una medición anterior y no deben mezclarse directamente con los informes más recientes, sirven para mostrar que el deterioro de las carreteras californianas es un problema persistente. No se trata de una situación que apareció de repente durante 2025.
El clima relativamente moderado de California ayuda a evitar algunos daños asociados con congelamiento extremo, pero el enorme volumen de tráfico, camiones pesados, envejecimiento de la infraestructura y costos elevados de construcción dificultan mantener todas las carreteras en buenas condiciones.
Los baches pueden causar mucho más que un neumático pinchado
La mayoría de los conductores piensa inmediatamente en neumáticos cuando escucha la palabra bache, pero el daño puede extenderse mucho más.
Un impacto fuerte puede doblar un rin, alterar la alineación, dañar un amortiguador o afectar componentes de suspensión y dirección. En vehículos modernos, incluso pequeñas desviaciones pueden generar desgaste irregular de neumáticos y vibraciones a determinadas velocidades.
El daño también puede ser acumulativo. Una calle deteriorada recorrida todos los días no necesita destruir una pieza inmediatamente para causar problemas. Miles de impactos pequeños pueden acelerar progresivamente el desgaste hasta que aparecen ruidos, vibraciones o holguras.
Y aquí está el problema: cuando el conductor finalmente lleva el automóvil al taller, puede resultar difícil relacionar una reparación específica con una sola calle o un solo bache.
Los neumáticos de perfil bajo son especialmente vulnerables
La tendencia de instalar ruedas cada vez más grandes ha aumentado la vulnerabilidad de muchos vehículos modernos. Un automóvil que hace quince años utilizaba ruedas de 16 pulgadas actualmente puede salir del concesionario con rines de 19, 20 o incluso 21 pulgadas.
Para mantener aproximadamente el mismo diámetro total de la rueda, el neumático necesita tener un perfil más bajo.
Eso significa menos goma absorbiendo impactos.
Cuando una rueda golpea un bache profundo, la pared lateral del neumático puede comprimirse completamente y permitir que el rin golpee directamente contra el borde del agujero.
El resultado puede ser una burbuja en el neumático, una rueda doblada o incluso ambas cosas.
SUV y pickups tampoco están completamente protegidos
Puede parecer que una pickup grande está preparada para soportar cualquier carretera, pero tampoco es inmune.
Los neumáticos más altos ofrecen mayor protección contra pequeños impactos, pero muchas camionetas modernas utilizan ruedas enormes precisamente para mejorar apariencia. Versiones premium de pickups y SUV pueden tener rines de 22 pulgadas acompañados de neumáticos mucho más bajos que los utilizados tradicionalmente en este tipo de vehículo.
Además, los componentes de suspensión son mayores y más costosos.
Una reparación de suspensión neumática o amortiguadores adaptativos puede costar miles de dólares.
Por eso un vehículo grande no significa automáticamente que los baches sean irrelevantes.
El pavimento malo también aumenta el consumo
Existe otro gasto menos evidente.
Cuando una superficie es irregular, el vehículo necesita realizar constantemente pequeñas aceleraciones y movimientos de suspensión que desperdician energía.
Las carreteras deterioradas también pueden provocar que el conductor reduzca y vuelva a acelerar frecuentemente.
Todo esto aumenta ligeramente el consumo.
Individualmente puede parecer insignificante, pero multiplicado por miles de millas y millones de automóviles termina representando una cantidad considerable de combustible.
TRIP incluye precisamente ese consumo adicional dentro de sus cálculos de costos operativos.
La congestión empeora todavía más la factura
Las ciudades con carreteras deterioradas suelen tener otro enemigo: tráfico.
En Los Ángeles, TRIP calcula aproximadamente 124 horas de retraso por conductor al año, con un costo cercano a $3,478 en tiempo y combustible desperdiciado.
New York-Newark-Jersey City registra aproximadamente 92 horas de retraso y $2,535 anuales en tiempo y combustible perdidos.
New Orleans alcanza alrededor de 52 horas y $1,591.
Esto demuestra por qué algunas ciudades pueden resultar tan costosas para tener automóvil. El conductor paga por seguro, combustible y estacionamiento, pero también pierde dinero simplemente porque la infraestructura obliga al vehículo a gastar más y deteriorarse más rápido.
Reparar una carretera también es cada vez más caro
Existe un problema adicional para los gobiernos locales y estatales: arreglar infraestructura cuesta mucho más que hace algunos años.
El índice de costos de construcción de carreteras de la Federal Highway Administration aumentó aproximadamente 48% entre comienzos de 2022 y finales de 2024 en los datos citados por TRIP para California.
Esto significa que el mismo presupuesto público permite reparar menos millas de carretera.
El resultado puede convertirse en un círculo complicado. Las ciudades retrasan mantenimiento porque resulta caro, el pavimento continúa deteriorándose y posteriormente reconstruirlo cuesta mucho más que haber realizado mantenimiento preventivo cuando el daño todavía era pequeño.
Los vehículos eléctricos también sienten los baches
Existe una percepción de que los eléctricos deberían sufrir menos porque tienen menos piezas mecánicas. Esto es cierto para elementos como cambios de aceite o sistemas de escape, pero no para la suspensión.
De hecho, muchos eléctricos pesan considerablemente más que sus equivalentes de gasolina debido al paquete de baterías.
Ese peso adicional carga más los neumáticos y componentes de suspensión.
Un vehículo eléctrico pesado equipado con ruedas grandes puede resultar especialmente sensible al deterioro del pavimento.
También utiliza neumáticos específicos capaces de soportar mayor peso, que pueden resultar considerablemente más costosos de reemplazar.
¿Cómo podemos proteger el vehículo?
La primera defensa es reducir la velocidad cuando sabemos que una carretera está deteriorada. Cuanto mayor sea la velocidad, mayor será la energía del impacto cuando la rueda entra en un bache.
También conviene evitar frenar violentamente justo encima del agujero. Durante la frenada, el peso del vehículo se desplaza hacia el eje delantero y comprime la suspensión, reduciendo la capacidad disponible para absorber el golpe.
Mantener correctamente inflados los neumáticos también resulta fundamental. Una presión demasiado baja aumenta la posibilidad de que la rueda golpee el rin, mientras una presión excesiva reduce la capacidad del neumático para absorber impactos.
Después de un golpe particularmente fuerte conviene revisar si aparecen vibraciones, pérdida de presión, dirección descentrada o ruidos nuevos.
No existe actualmente un único ranking nacional actualizado para todas las ciudades
Aquí es importante hacer una precisión.
Los informes más recientes de TRIP disponibles durante 2025 analizan estados y áreas metropolitanas específicas, pero no existe todavía una única clasificación nacional 2026 con todas las ciudades medidas simultáneamente bajo exactamente las mismas condiciones.
Por eso sería incorrecto afirmar que Los Ángeles o New Orleans ocupan definitivamente el primer o segundo lugar nacional en este momento.
Lo que sí podemos afirmar con los informes recientes es que Los Ángeles tiene 61% de sus principales carreteras en condición pobre o mediocre y un costo de $1,256 por conductor; New Orleans registra 55% y $909; mientras New York-Newark-Jersey City registra 46% y $694 adicionales por vehículo.
Son cifras suficientemente elevadas para demostrar que conducir por una ciudad con carreteras deterioradas tiene un costo real.
El bache que evitamos puede valer cientos de dólares
Muchos gastos relacionados con el automóvil son inevitables.
Hay que pagar combustible.
Hay que cambiar aceite o realizar mantenimiento.
Hay que comprar neumáticos cuando se desgastan.
Pero el daño producido por una carretera deteriorada representa un gasto especialmente frustrante porque no depende necesariamente de cómo cuidemos el automóvil.
Podemos realizar todo el mantenimiento correctamente y aun así terminar pagando un rin, un neumático o una alineación después de caer en un bache que apenas vimos durante la noche.
En ciudades como Los Ángeles, New Orleans o New York, ese tipo de desgaste termina acumulándose hasta representar cientos o incluso más de mil dólares adicionales por año.
Y quizá esa sea la verdadera manera de medir la calidad de una carretera.
No solamente observando cuánto cuesta construirla.
Sino calculando cuánto dinero está obligando a gastar a cada conductor que pasa por encima de ella todos los días.



























